Determinar que detrás de una baja por estrés o ansiedad hay un motivo laboral es complicadísimo. La Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, SEMERGEN, admite que estamos ante un infra reconocimiento del origen laboral de las bajas por problemas de salud mental. En 2024, tan solo el 0,21% de las bajas registradas por salud mental estaban catalogadas como contingencias profesionales.
En España, cada día, tres trabajadores causan baja por algún tipo de violencia o abuso ejercido dentro de la empresa. Por ello, desde SEMERGEN ponen el foco en la prevención, ya que cuando los trabajadores llegan a la consulta, los médicos se enfrentan al último síntoma. Ese problema se arregla en el entorno laboral o no tiene fácil arreglo.
Con el paso de los años, los datos demuestran que no deja de subir el número de trabajadores obligados a coger una baja laboral relacionada con la salud mental. Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Valencia, ha analizado esta tendencia del mercado laboral español y dice que los motivos principales que alargan las silenciosas bajas laborales son, entre otras: la falta de prevención de riesgos, el envejecimiento de los trabajadores y el retraso en las consultas.
El experto apunta que, para poder solucionar esta problemática, lo principal es analizar y descubrir sus causas. Todolí señala que existen dos corrientes de pensamiento en torno a estos datos: “la que apela al fraude y la que dice que el trabajo nos está sobrepasando”.
Según el filósofo surcoreano-alemán, Byung-Chul Han, la sociedad actual tiene como característica el cansancio. En su ensayo sobre este tema, diagnostica la autoexplotación moderna en la sociedad del rendimiento. El autor argumenta que hemos pasado de una sociedad disciplinaria a una de positividad, donde el individuo, libre de un amo externo, se explota a sí mismo bajo la falsa ilusión de la autorrealización y la búsqueda del éxito. Esto genera enfermedades neuronales como depresión, ansiedad, desatención o bournout (síndrome del quemado).
Según apuntan varios estudios profesionales sobre el rendimiento en el trabajo, aproximadamente la mitad de la población trabajadora española admite sentirse “sobrepasada” por la cantidad de trabajo a la que se ven sometidos, con un control del rendimiento que se ejerce principalmente desde fuera. Todolí apunta que las medidas que busquen mejorar las condiciones laborales deben de estar enfocadas fundamentalmente en medir y reducir la cantidad de tareas adjudicadas a cada persona. No hay otra.
Además, el catedrático añade que la carga excesiva de trabajo termina resultando negativo, tanto para el trabajador como para la empresa. Todolí afirma que el estrés y el agotamiento que sufren los trabajadores termina derivando en errores que producen una pérdida de eficacia, un gasto mayor de tiempo para erradicarlos o incluso una posible pérdida de clientes al ofrecer un mal producto final.
Además, explica que las empresas están obligadas por ley a realizar mediciones de la carga de trabajo que asignan a cada uno de sus trabajadores. Para medir esta variable suelen utilizarse exámenes subjetivos, aunque gracias al avance de la tecnología, las compañías pueden calcular el esfuerzo de sus empleados en trabajos de carácter físico.
En Polonia, por ejemplo, se impone el número de kilocalorías máximas que debe quemar un trabajador durante un día de trabajo. Este gasto energético se mide a través de pulseras o relojes inteligentes. Como medida para solucionar este problema de desgaste se han planteado diferentes estrategias, siempre centradas en la reducción de la jornada laboral.
Respecto a estas ideas, Todolí afirma que, aunque puedan llegar a servir de ayuda, las soluciones debes de estar enfocadas en limitar la carga laboral porque, aunque se trabaje un día menos, el estrés que producen los días trabajados dura tras el descanso. Es más, señala a la digitalización como causa del aumento en la carga del trabajo. La IA se ha vuelto un elemento de constante control sobre el trabajador y su productividad.
También el citado filósofo surcoreano ha escrito que el mundo digital es un camino hacia la depresión, porque en el mundo virtual el otro desaparece. Pero, ¿hay posibilidades de vencer ese estado depresivo? Dice que “la forma de curar esa depresión es dejar atrás el narcisismo. Mirar al otro, darse cuenta de su dimensión, de su presencia. Porque frente al enemigo exterior se pueden buscar anticuerpos, pero no cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos”.
Por eso, el materialismo no puede explicar la sociedad del cansancio. Marx criticaba la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad de autoexplotación, donde el hombre se ha convertido en un animal laboral, “verdugo y víctima de sí mismo”, lanzado a un horizonte terrible: el fracaso.
Menos mal que, como diría todo buen romántico, siempre nos queda el amor. También el filósofo Han encuentra la solución en el amor. Hay que negar el presente represivo y aceptar la existencia del otro y, de su mano, la posibilidad de amar, de la amistad, de la solidaridad, en serio, la ética de la convicción y la responsabilidad, porque es quizás el gesto más progresista que podemos hacer los ciudadanos unidos ante este explotador sistema.
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