La gastronomía se ha consolidado como un instrumento clave para el desarrollo económico y turístico de los territorios. Cada vez más ayuntamientos, diputaciones y administraciones públicas incorporan el potencial gastronómico y hostelero a sus estrategias con el objetivo de generar actividad económica, fortalecer el tejido empresarial y construir destinos turísticos con identidad propia. No es el caso de Tarifa, donde incluso se suspenden las citas gastronómicas anuales como La Ruta del Atún o el ibérico, pero sin embargo el sector privado pide paso con iniciativas concretas y de éxito como Tarifa Destino Gastronómico (foto) , los datos están ahí y nunca es tarde para tomar conciencia.
El creciente interés institucional se enmarca en el peso del turismo en la economía española. En 2024, la actividad turística alcanzó los 200.699 millones de euros, el 12,6% del PIB, y generó 2,78 millones de puestos de trabajo. Además, el gasto total de los turistas internacionales llegó a 126.282 millones de euros, un 16,1% más que el año anterior.
Dentro de este contexto, la dimensión gastronómica gana protagonismo en la experiencia del viajero. Según Turespaña, más de 23 millones de turistas realizaron en 2024 actividades gastronómicas o relacionadas con el vino, lo que representa el 25% del total. Desde ONU Turismo también se destaca el potencial del turismo gastronómico para generar empleo, cohesión regional y crecimiento sostenible, especialmente cuando se vincula con la identidad local y el desarrollo rural.
Las administraciones públicas buscan así ir más allá de la promoción turística tradicional y apuestan por ordenar su oferta gastronómica, profesionalizar la hostelería, reforzar el comercio de proximidad y activar el territorio como destino con mayor capacidad de retorno económico. En este sentido, el gastromarketing se consolida como una vía para dinamizar la hostelería y convertir la gastronomía en un elemento tractor de la economía local.
Según Alfredo García-Plata, director de relaciones institucionales de Aplus Gastromarketing, cuando la gastronomía se integra en la estrategia de desarrollo local “el impacto va mucho más allá de la promoción, ya que se fortalece el tejido hostelero, se activa el comercio de proximidad y se construye un relato de destino capaz de atraer visitantes y repartir mejor el retorno económico”.
Este tipo de estrategias incluye acciones de formación e innovación para hosteleros, dinamización mediante ferias y certámenes gastronómicos, aulas culinarias en mercados municipales, campañas de sostenibilidad y proyectos dirigidos a chefs y empresarios del sector. El objetivo es consolidar un ecosistema que beneficie no solo a bares y restaurantes, sino también al comercio local y a otros sectores vinculados al turismo.
De hecho, Turespaña estima que el gasto en ocio, cultura y deporte generado por turistas que realizaron actividades gastronómicas ascendió a 6.032 millones de euros en 2024, lo que equivale al 4,8% del gasto turístico total y refleja el efecto tractor de estas iniciativas.
Los organismos internacionales insisten además en la necesidad de planificar estas estrategias con visión de largo plazo y medir sus impactos económicos, sociales y ambientales. En este escenario, el gastromarketing se perfila como una herramienta útil para dinamizar territorios, alinear a hostelería y comercio y construir un modelo turístico más competitivo, sostenible y conectado con la economía local.


