La izquierda, necesita una sacudida.Por: Ángel Luis Jiménez

Para saber lo que significa estar a la izquierda, habrá que saber primero cual es la semántica del término. La semántica de la izquierda política se caracteriza por el uso estratégico del lenguaje para definir la realidad, imponer un «sentido común» y agrupar identidades colectivas, utilizando términos como «empoderamiento», «justicia social» o «igualdad» para articular su discurso y hacer de ella un proyecto político viable y ganador.
Para ello, la semana pasada se celebró un acto de Gabriel Rufián, diputado de ERC y uno de los políticos progresistas más populares de España, escenificando una charla con público junto al diputado de Más Madrid Emilio Delgado. Este acto informal ha venido a mostrar que existe una demanda de renovación en la izquierda española y que esta se combina con una sensación de urgencia ante el ascenso de la ultraderecha que interpela no solo al espacio tradicional a la izquierda del PSOE, sino también a la izquierda nacionalista.
Rufián habló en términos dramáticos sobre el ascenso de Vox y no engañó a nadie sobre lo que hace falta para una candidatura unitaria o, al menos, coordinada, que compita provincia a provincia. Todos deben ceder en liderazgo y en programa. Todos deben ceder en poder orgánico. Es una propuesta realista, pero se encontrará con la legítima resistencia de partidos que consideran su propuesta como la mejor para su provincia, para su comunidad autónoma o para toda España, y tienen derecho a pedir el voto para ella.
Así que cuando pensamos que se es “más” de izquierdas de lo que representa el PSOE se optaría por la sumatoria de grupos incluidos bajo dicha expresión de izquierda, pero de izquierda de la izquierda. Con una diferencia sustancial muy española, la fusión de dicha identidad con el sentimiento de pertenencia nacional o regional.
O sea que hay que sentirse también más valenciano (Compromís), gallego (BNG) o andalucista (con varias formaciones y coaliciones como: Andalucía por Sí (AxSí), Adelante Andalucía, Convergencia Andaluza e Iniciativa del Pueblo Andaluz. El histórico Partido Andalucista (PA) se disolvió en 2015. El eje izquierda/derecha se entremezcla, así, con el de españolismo-nacionalismos. Y con el partido de referencia (PSOE).
La cosa es, pues, más complicada de lo que parece. Por un lado, porque estos grupúsculos nacen en organizaciones regionales férreamente vigiladas por sus miembros locales; por otro, porque la izquierda de siempre, al menos aquella que yo conocí en mis tiempos andalucistas, tenía veleidades cosmopolitas y apostaba por la universalidad: ¡Andaluces, levantaos!/ ¡Pedid tierra y libertad!/ ¡Sea por Andalucía libre,/España y la humanidad!
Ser más de izquierdas significaba liberarse de las restricciones nacionales “pequeñoburguesas” para buscar la emancipación de los oprimidos allí donde estuvieran. Traducido a nuestro contexto español, por tanto, promover, por ejemplo, una justa distribución de los recursos nacionales favoreciendo a las regiones más necesitadas como Andalucía o Extremadura.
Porque lo que no se puede hacer es teñir la identidad de izquierdas con particularismos que van en contra de lo que hoy debería ser el empeño de la izquierda en sí misma, sin más adjetivaciones, hacer frente a los nuevos poderes que hacen acto de presencia en estos momentos. Estos no se combaten desde “los pueblos de España”, necesitan un impulso ibérico o continental. Por tanto, me tomo el atrevimiento de proponerles una denominación: “La izquierda europea”. Así que hay que crear un partido de ámbito estatal, pero con proyección más allá de nuestras fronteras.
Saltarnos de una vez lo que en esta nueva era ya empieza a parecer ridículo, el provincialismo que embarga parte de nuestra política (Teruel Existe). También podríamos decir que el Campo de Gibraltar también existe, al convertirse Gibraltar en un espacio Schegen de la UE. Todo eso cambia por completo nuestra comarca. Solo eso debería animar al Reino Unido y a Europa a acercarse más entre ellos y actuar con una sola voz.
Por supuesto, que con esto no pretendo negar la importancia de la izquierda en el ámbito local. El éxito (relativo, claro) de la Junta Aragonecista (Cha) muestra que hay un relevante espacio para los partidos de izquierda cuando se concentran sobre su terruño. O la importancia de tener las ideas claras cuando se actúa en el Congreso o en un gobierno de coalición.
Pero falta ambición a la hora de pensar en clave supranacional. Cuestiones tales como la igualdad/solidaridad, la reforma fiscal, la transición ecológica, la precarización, etc., hoy por hoy solo se conseguirán a través de Europa. Y obligan a dejar de lado los purismos ideológicos y a mojarse también en todo lo relativo a la defensa, el multilateralismo y la dependencia tecnológica.
Los nuevos poderes no pueden combatirse desde Andalucía, Extremadura, Aragón y otros, por mucho que “sumen” entre ellos, la adición que importa es la de los pueblos europeos, sean de izquierdas o derechas. Mientras esta izquierda siga pensando desde lo pequeño y sin actualizar su discurso a los tiempos presentes no solo perderá tracción electoral, acabará siendo también menos izquierda. Pero, de todas formas, bienvenida sea esta sacudida de la izquierda de esta semana para iniciar esa renovación tan necesaria.

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