La joven banda algecireña, formada por músicos de entre 14 y 16 años, se estrena en solitario este sábado en Botanic con 21 canciones y las ganas de demostrar que el rock también tiene futuro. Hay una edad en la que uno todavía no ha aprendido a tener miedo a los escenarios.
O quizá sí lo ha aprendido, pero todavía conserva algo mucho más importante: las ganas de subir a ellos. Este sábado, 29 de agosto, a las 20:00 horas, Botanic Algeciras será el escenario del primer concierto en solitario de Parannoya, una joven banda algecireña formada por músicos de entre 14 y 16 años que ha decidido que la mejor manera de empezar a construir su camino es hacerlo tocando.
Y tocando de verdad.
Con un repertorio de alrededor de 21 canciones, la formación integrada por Antonio Manuel Gómez a la voz, Tomás Comino al bajo, Adán Rasgado a la batería y Nico a la guitarra afronta una noche que para ellos tiene algo de estreno, pero también mucho de declaración de intenciones. Hasta ahora han compartido escenario y participado en actuaciones junto a otras bandas. Esta vez no habrá que esperar a que llegue su turno entre otros nombres.
El escenario será suyo. Y eso cambia las cosas. Cuatro músicos, muchas influencias y un sonido todavía por descubrir
Parannoya se mueve fundamentalmente en el territorio del rock, aunque sus referencias dejan claro que no quieren encerrarse todavía en una etiqueta. En su imaginario aparecen nombres como Extremoduro, Metallica o Radiohead, influencias suficientemente diferentes como para entender que estos cuatro músicos todavía están buscando algo que probablemente sea lo más interesante de una banda que empieza: su propia voz.
No esconden que aún no tienen un estilo completamente definido. Y, lejos de ser una debilidad, puede ser precisamente su mayor virtud.
Porque están en ese momento en el que todo está por probar. Ya trabajan en sus primeras composiciones y experimentan con sonidos e ideas para encontrar una identidad propia. Todavía no saben exactamente qué banda quieren ser. Pero sí saben que quieren ser una banda.
El vértigo de tener 14 años y tocar delante de un público.
Adán Rasgado tiene solo 14 años y está detrás de una batería.
No es un detalle menor. La batería exige presencia, precisión, energía y una capacidad especial para sostener el pulso de todo lo que sucede encima de un escenario. Para Adán, además, es una forma de expresión: tocar le permite sacar fuera sentimientos que quizá de otra manera serían más difíciles de explicar. Antonio conoce otro de los vértigos del directo: ponerse delante de un público y cantar.
Los nervios existen. Naturalmente. Pero también existen los ensayos. Las horas de preparación. La complicidad entre los músicos. Y, sobre todo, las ganas. Porque hay algo que se aprende rápido cuando se empieza a tocar en directo: los nervios no desaparecen esperando.
Se vencen tocando.
No buscan solamente hacerse famosos
Quizá una de las cosas más interesantes de Parannoya esté precisamente en lo que no buscan.
La fama no aparece como el objetivo principal.
Quieren llegar a la gente.
Quieren que alguien escuche sus canciones, que alguien que quizá hoy no tenga demasiado contacto con este tipo de música vuelva a descubrir el rock y, sobre todo, que lo que hacen consiga provocar algo al otro lado.
Es una aspiración mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más difícil de conseguir.
Que una canción le importe a alguien.
El sábado tendrán su primera gran oportunidad para comprobarlo.
Antonio afronta la cita pensando también en lo que pueda aprender de ella y en los errores que puedan convertirse después en experiencia. Tomás mira más lejos y espera que esta primera actuación en solitario sea simplemente el principio de un recorrido compartido. Y Adán pone el foco en uno de los elementos fundamentales de cualquier concierto: la conexión con el público y esa energía que vuelve desde abajo del escenario.
El principio de algo
Quizá dentro de unos años alguien mire hacia atrás y recuerde este concierto como una fecha pequeña en un calendario.
O quizá no.
Porque todas las bandas tienen un primer escenario. Una primera noche en la que las canciones dejan de pertenecer únicamente a quienes las ensayan y pasan a pertenecer también a quienes las escuchan.
Para Parannoya, esa noche llega este sábado en Botanic.
Cuatro músicos muy jóvenes, 21 canciones, muchas influencias, algunos nervios y toda una identidad musical por construir.
No necesitan demostrar todavía que son una gran banda.
Eso vendrá —o no— con el tiempo.
Lo verdaderamente interesante es otra cosa:
que con 14, 15 o 16 años ya hayan decidido intentarlo.
Y que hayan entendido algo que a veces los adultos olvidamos: para encontrar un sonido propio primero hay que atreverse a hacer ruido.
Este sábado, Parannoya empieza a hacerlo por su cuenta.































