La noche más oscura (Zero Dark Thirty), mucho más que la muerte de bin Laden

TCAM|REDACCION

  En contra de lo que se pueda pensar, la cinta de Kathryn Bigelow no es solo la película que relata la ejecución de Osama bin Laden. La Noche más oscura (Zero Dark Thirty) es eso y mucho más.

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Lo nuevo de la oscarizada directora de En tierra hostil no se centra únicamente en la operación que las fuerzas de élite estadounidenses llevaron a cabo aquel 1 de abril en Pakistán, sino que relata con una certeza casi aséptica digna del documental y un ritmo propio del thriller los esfuerzos -y los muchos palos de ciego- que durante una década llevaron a cabo primero la administración Bush y después la de Obama para dar con el líder de Al Qaeda.

Bigelow, de nuevo de la mano del periodista, escritor y productor Mark Boal, escarba en la intrahistoria de la caza del que fue el hombre más buscado del planeta y disecciona, con una precisión digna de un cirujano, sus partes esenciales. Evidentemente, no se muestra todo, pero sí se entiende todo lo que se muestra. Y ese es uno de los mayores logros de Noche más oscura (Zero Dark Thirty).

Boal y Bigelow consiguen encajar a la perfección las piezas, elegidas a conciencia, del intrincado puzzle para dar sentido y sencillez -que no simpleza- a dos horas y media en las que se comprimen diez complejos y convulsos años que convirtieron a un hombre en la obsesión de la nación más poderosa del planeta. 

Lo hacen además sin perder pulso y tensión en la narración cinematográfica y sin caer en el gran abismo del maniqueísmo y la sensiblera complacencia. No en vano estamos ante un filme que ha resultado incómodo tanto a unos como a otros.

 

RITMO DE THRILLER, ALMA DE DOCUMENTAL

 

El halo de veracidad que envuelve toda la película es tal, que por momentos el espectador tiene la sensación de estar asistiendo a una recreación documental de los hechos. Los interrogatorios, las reuniones, los operativos… todo parece real. Tamaño logro es consecuencia directa de un arduo trabajo de preproducción. Del concienzudo acopio y análisis de información que se ha prolongado durante años.

De hecho, el proyecto como tal arrancó hace más de seis años y por aquel entonces Bigelow tenía como objetivo relatar el fracaso en captura de bin Laden en las montañas de Afganistán. En abril de 2011, con Boal ya buscando las localizaciones para comenzar a rodar, la actualidad dejó obsoleto el guión y hubo que “volver a empezar”.

Pero todo ese vasto conocimiento adquirido debía ser procesado y convertido en película. En la gran película que es La noche más oscura (Zero Dark Thirty).

Dos de las herramientas fundamentales para armar este relato crudo y certero de cómo se cazó a Osama bin Laden son el soberbio montaje de Dylan Tichenor y William Goldenberg, que da a toda la narración un ritmo seco y trepidante, y un muy cuidado diseño de producción obra de Jeremy Hindle.

En este punto, es justo detenernos en el culmen del film, el pasaje final que recrea con una precisión aparentemente milimétrica el complejo fortificado de la ciudad paquistaní de Abbottabad en el que durante años se escondió bin Laden y lo que allí ocurrió aquella noche de abril. Cine de muchos quilates con el que Bigelow vuelve a exhibir un pulso y un talento para rodar escenas de acción al alcance de muy pocos directores.

 

JESSICA CHASTAIN, LA CAZADORA

 

En el apartado interpretativo, la ominipresente Jessica Chastain es la dueña y señora de La noche más oscura. Sobre su personaje, Maya, recae gran parte del peso narrativo del filme y la totalidad de sus concesiones dramáticas y emocionales.

Su evolución, la metamorfosis que le lleva a convertir en un empeño personal la caza de lo que llegó a ser poco más que un fantasma, singulariza la obsesión que durante una década pesó como una losa sobre los servicios de inteligencia estadounidenses y sobre todo el país.

Las sólidas presencias de Kyle Chandler, Jason Clarke, Joel Edgerton y Mark Strong, sirven para apuntalar el colosal trabajo de una Chastain que lleva ya varios meses en estado de gracia. Recién aterrizada todavía en Hollywood, esta pelirroja vegetariana vuelve a apuntar al Oscar por segundo año consecutivo, aunque en esta ocasión al de mejor actriz protagonista. Y parece que, al igual que Maya, no descansará hasta darle caza.

 

 

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