Mohamed VI es un rey con poder pleno y tiene un plan para Ceuta y Melilla. Aunque esté alejado de los focos, siempre tiene la última palabra en su país. Desde la Constitución de 2011, se ha reservado el vértice de la pirámide del poder, por encima del primer ministro, las áreas de defensa, seguridad interna y diplomacia. También sobre los asuntos islámicos, en calidad de líder religioso de su pueblo.
Marruecos tiene un plan para estos tiempos oscuros y una apuesta de futuro para Ceuta y Melilla. Goza de la bendición de tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, y cuenta con la abstención de los dos restantes, Rusia y China, en el tema de la soberanía del Sahara, dándole alas a Mohamed VI para expandir su política exterior y reactivar la cuestión de la soberanía sobre Ceuta y Melilla.
Marruecos como potencia regional emergente en el norte de África, tiene solo 38 millones de habitantes y un producto interior bruto 10 veces inferior al español, pero se ha convertido en el mayor importador de armas del continente, suministradas por Israel. Sin embargo, la crisis de Ceuta ha dejado claro que Rabat actúa con la tranquilidad que le da saberse respaldado por Estados Unidos gracias al reconocimiento de Donald Trump.
Por primera vez una gran potencia como Estados Unidos confirmó la tesis de Rabat sobre el Sahara, saltándose la ONU a la torera. Fue en 2020, en el tiempo de descuento de la primera estancia de Trump en la Casa Blanca, dando un aire de improvisación a la decisión tomada. Normal en todo lo que hace Trump, sobre todo, en política internacional.
Marruecos a cambio de establecer relaciones con Israel recibió el respaldo de Trump, que endureció desde entonces su política exterior presionando a diestro y siniestro, para que se aprobará el pasado octubre la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, sobre el Sahara, obra de la nueva Administración de Trump en su segundo mandato.
Rabat logró colocar en el centro del debate de la ONU su plan de autonomía para el Sahara, y gracias a ese respaldo consiguió más apoyos, entre otros los de países claves como Francia, Reino Unido, Alemania y España. Si, España, la antigua metrópoli del territorio. Por qué y para qué. No se entiendo con las buenas relaciones de España y los españoles con el Polisario, que controla el 20% del territorio, y que ayudarían a presionar a Marruecos en la crisis actual.
Queda poco para la próxima votación sobre el Sahara en el Consejo de Seguridad, a finales de octubre. Mientras los observadores de la política internacional se preguntan si lo que está ocurriendo en Ceuta puede suponer un gesto del sector más duro del poder marroquí a favor al “amigo americano” para poner en aprieto a Pedro Sánchez.
De paso, se utiliza por los irredentistas partidarios del Gran Marruecos más allá de sus fronteras reconocidas, con vistas a la campaña electoral de las legislativas marroquí del 23 de septiembre. Unos comicios que languidecen ajenos al interés ciudadano, cuyas prioridades son encontrar trabajo o migrar a Europa (35% según las encuestas de El Barometro Arabe), porque las desigualdades económicas y sociales se han acrecentado en Marruecos, que sigue siendo un país a dos velocidades, con un descontento social que se reproduce cíclicamente, como las revueltas del Rif de hace una década o las protestas sociales de los jóvenes hace un año.
La clase política de Marruecos necesita un revulsivo para la movilización a las urnas de la ciudadanía. Así que ya hay distintas voces que sacan a colación la reivindicación sobre Ceuta y Melilla. “Ciudades ocupadas” que deben ser reintegradas a la soberanía de Marruecos, como dice, ante el Rey, Lahcen Haddad, académico marroquí experto en asuntos internacionales, también exministro y actual parlamentario marroquí.
Pues bien, después de lo dicho, la crisis de Ceuta, en la que el Gobierno español exoneraba de responsabilidades a Marruecos, ha calado muy poco en la opinión pública española, porque casi un 90% de la sociedad española atribuye al Gobierno del país vecino “mucha” o “bastante” responsabilidad de la entrada masiva de inmigrantes durante los dos últimos días de julio. Cerca de un 72% cree que el Gabinete que preside Pedro Sánchez también tuvo “mucha” o “bastante” responsabilidad en los hechos, todo ello según la encuesta especial sobre la crisis de Ceuta todavía por resolver, elaborada esta semana por 40dB para EL PAÍS y la Cadena SER.
Pedro Sánchez se ha convertido en el blanco preferido de Trump y de los partidos xenófobos porque es el único en Europa que dice con franqueza lo que hace y, además, hace lo que dice. No aboga en absoluto por la apertura de las fronteras, no permite ninguna laxitud en el cumplimiento de las obligaciones a las que deben someterse los migrantes, pero dice que la protección de los derechos humanos frente al odio es el principal antídoto contra la extrema derecha. Eso le honra. Al igual que desclasificar todos los informes que recibió sobre Ceuta entre el 1 de julio y el 1 de agosto, lo que permitirá que cada cual pueda sacar sus propias conclusiones. Porque los hechos son los hechos.

