Colas kilométricas en la N-340 convierten el acceso a Tarifa en un “suplicio” en pleno Jueves Santo

El acceso a Tarifa por la N-340 se ha convertido este Jueves Santo en un auténtico cuello de botella, con retenciones kilométricas que han llegado hasta la barriada de Pelayo, en Algeciras, debido al sistema de regulación de tráfico instalado tras un desprendimiento en la vía tras las anteriores borrascas.

El tráfico en la zona está siendo controlado mediante un semáforo provisional que alterna el paso en ambos sentidos. Sin embargo, vecinos y conductores denuncian que el sistema no se adapta a la realidad del flujo de vehículos en días señalados como este, con un claro aumento del tráfico en dirección a Tarifa durante la mañana.

“Es un semáforo que no entiende el contexto”, señalan algunos afectados, que han tenido que soportar largas esperas bajo el sol en uno de los días de mayor afluencia hacia la costa.

Un problema de gestión en días clave

La falta de flexibilidad en la regulación del tráfico está generando un efecto dominó. Mientras por la mañana el mayor volumen de vehículos se dirige hacia Tarifa, el sistema mantiene tiempos equilibrados en ambos sentidos, lo que agrava innecesariamente las retenciones. La situación, advierten, debería invertirse por la tarde, cuando el flujo de salida es mayor, algo que tampoco está contemplado en el actual sistema.

Impacto directo en la hostelería

Las consecuencias no son solo para los conductores. El sector hostelero de Tarifa empieza a notar el impacto de estas retenciones en una de las jornadas clave de la Semana Santa. Muchos visitantes llegan con retraso o directamente desisten de sus planes, quedando atrapados en la carretera a la hora del almuerzo.

“Hay clientes que no llegan. Se quedan parados en la carretera justo cuando deberían estar sentados a la mesa”, apuntan desde el sector, que ve cómo esta situación afecta directamente a la actividad económica en un momento crucial.

Una imagen que preocupa. Más allá del problema puntual, la situación vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de los accesos a Tarifa en momentos de alta demanda. La experiencia de llegar a la ciudad, lejos de ser atractiva, se convierte en un obstáculo que puede condicionar la imagen del destino.

“Esto no se puede permitir”, coinciden afectados y profesionales, que reclaman soluciones más inteligentes y adaptadas a la realidad del tráfico en días clave.

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