El pasado sábado, el Café Teatro de Algeciras se convirtió en un lugar de encuentro para la emoción, la memoria y la música sin concesiones. Bajo el lema “Joder, qué guarrada sin ti…”, decenas de artistas y amantes del rock se reunieron para rendir homenaje a Robe, una figura imprescindible que ha puesto palabras y heridas a varias generaciones.
Sobre el escenario, voces y guitarras fueron tejiendo un tributo sincero, lejos de la nostalgia fácil y muy cerca de la verdad que siempre ha acompañado a sus canciones. Cada interpretación sonó a respeto, a gratitud y a esa crudeza poética que define una manera de entender la música y la vida.
Las imágenes captadas por Tomoyuki Hotta congelan instantes que dicen más que cualquier crónica: miradas cerradas mientras suena un verso, sonrisas cómplices, manos que tiemblan al rasgar una guitarra y un público que escucha con el corazón abierto. Fotografías que no solo documentan un evento, sino que capturan una atmósfera: la de una comunidad unida por canciones que siguen doliendo y curando a partes iguales.
No fue solo un concierto ni una sucesión de actuaciones. Fue un acto de amor colectivo, un recordatorio de que hay músicas que no pasan, que se quedan a vivir en quien las escucha. Y en Algeciras, durante unas horas, Robe estuvo muy presente. No sobre el escenario, pero sí en cada palabra cantada y en cada silencio respetado.




























