Corrupción y política. Por Ángel Luis Jiménez

En España la corrupción se castiga poco por los electores. Esta evidencia sobrevuela todo el turbio asunto de la corrupción existente en las instituciones, partidos políticos y sindicatos. De los empresarios ni hablo. No hay pecado político mejor comprendido en este país que el de la corrupción, porque dicen que la corrupción es una irresponsabilidad colectiva. ¿Será verdad?

En la obra «El Tío Vania» de Antón Chéjov, el médico Ástrov dice «Hay que ser un bárbaro irracional para quemar esa belleza [los bosques] en la estufa, para destruir lo que no podemos crear. El hombre ha sido dotado de razón y de facultad creadora para incrementar lo que le ha sido dado, pero hasta ahora no viene creando, sino destruyendo».

Chejov habla de la inercia insoportable de las malas costumbres, del pecado de la haraganería y la impasibilidad hacia la destrucción y la corrupción, sobre todo por parte de una burguesía egoísta y perezosa, y no señala a un pueblo en abstracto sino al suyo propio. O si viene al caso también al nuestro, que como he dicho castiga poco esos pecados.

En la tragicomedia española de corte entre galdosiano y valleinclanesco siempre destaca el pecado patrio a relucir: los mandos se corrompen, y si nosotros, pueblo llano, llegáramos al poder también nos corromperíamos. Hay como una especie de resignación campechana ante unas debilidades que vienen de ser un pueblo poco educado en la debida incorruptibilidad de las instituciones.

Así que, debemos entender entonces que no existen mecanismos en la Administración para denunciar una mala práctica y que la forma de desenmascarar los chanchullos en nuestro país es echando mano de un policía, un espía o un delator. Los fiscales y jueces normalmente dicen que no hallan indicios suficientes para atribuir a nuestros políticos una «ignorancia deliberada» que pudiera inculparlos. Este principio del derecho sirve para castigar a quienes «no quieren saber aquello que pueden y deben conocer, y se benefician de la situación». ¡Qué castigo!

Nuestra acelerada «transición» de un sistema cerrado a un sistema abierto, desde un régimen autoritario a un régimen democrático, administrado por un número reducido de personas, ha condicionado todo el desarrollo posterior. Es más, la Constitución y el entramado institucional nacieron sin la previa construcción de los valores cívicos, los usos políticos y los hábitos de convivencia de los sistemas democráticos de larga historia. Por eso, a veces, se tiene la impresión de que en España vivimos una democracia no habitada por demócratas.

No debemos olvidar que las democracias se desacreditan como sistemas políticos normalizando la corrupción como mal necesario, cuando en realidad está entre las causas profundas de erosión de la confianza de la población. De la corrupción tolerada a todos son iguales va un paso que solo «voxean» las ultraderechas pero que sienten como creíble muchos más ciudadanos de nuestro país, porque son ya muchos años de corrupción y de saqueo de los fondos públicos por parte de los partidos políticos, aunque unos sean más corruptos que otros.

3 comentarios

  1. La corrupción quien la castiga poco es la justicia aparte de los electores, después de un desfalco de 800 millones en AndalucÍa quieren indultar a los responsables. ¿ le parece eso castigo?.

  2. Nombrar a vox hablando de corrupción el amigote de sociatas y podemita comunistas corruptos es de una CARADURA impresionante.Se nota que es un sectario izquierdoso

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