Hay tierras que se habitan.
Y hay tierras que te habitan por dentro.
Andalucía no es solo un lugar en el mapa. Es una forma de sentir, de hablar, de mirar la vida con luz aunque el camino se nuble. Es el acento que abraza, la mano tendida, el orgullo humilde de quien sabe de dónde viene.
El 28 de febrero no es una fecha más. Es memoria. Es dignidad. Es el eco de un pueblo que decidió alzar la voz para escribir su propio destino. Es la certeza de que la identidad no se negocia: se defiende, se celebra y se transmite.
Andalucía es campo y mar. Es olivares interminables y patios llenos de geranios. Es carnaval y Semana Santa. Es guitarra, es quejío, es risa que estalla en cualquier esquina. Es talento que cruza fronteras sin perder raíces.
Pero, sobre todo, Andalucía es su gente. La que madruga. La que lucha. La que sueña. La que, pese a las dificultades, no pierde la alegría ni la capacidad de compartir lo poco o lo mucho que tenga.
Sentirse andaluz no es cuestión de geografía, es cuestión de corazón. Es llevar dentro una mezcla perfecta de fuerza y ternura, de orgullo y sencillez. Es saber que perteneces a una tierra que ha sufrido, que ha trabajado, que ha emigrado… y que siempre ha sabido volver.
Hoy celebramos una bandera verde y blanca que simboliza esperanza y paz. Celebramos una historia construida a pulso. Celebramos la cultura que nos hace únicos y el futuro que seguimos construyendo juntos.
Que nunca nos falte el coraje para defender lo nuestro.
Que nunca nos falte la memoria para honrar a quienes lo hicieron posible.
Y que nunca, nunca, nos falte el orgullo de decir con el alma abierta:
Viva Andalucía.

