Algeciras no te escondas: Una mujer desnuda

Pero una vez más, la climatología adversa canceló los planes, habría que renunciar al pic-nic y al que quería ser un brillante artículo sobre la zona del Faro de Algeciras. No tuve más remedio que comenzar un artículo sobre el trocito de Algeciras que se ve desde mi ventana. Menos mal que el temporal remitió a mediodía y pude cambiar el tema de la crónica de este lunes el cual, al cabo de estas líneas, aún no tengo demasiado claro.Acabando el Paseo de la Cornisa diviso a lo lejos las piraguas con sus personitas dentro, saludándome con sus remos y deslizándose grácilmente por la superficie de la Bahía. Otro toque color de los que ofrece la ciudad si sabes a dónde mirar.Desde el flanco derecho comienzan a observarme, con su fachada de indiferencia, los funcionales edificios de viviendas y el centro comercial que caracterizan a cualquier ciudad occidental. Pero en Algeciras, si miro entre ellos, todavía puedo contemplar las montañas. A diferencia de otras ciudades, el hormigón no ha podido con todo (aunque haya hecho de las suyas).Se aproxima el tejado caleidoscópico de la Escuela de Arte, que me sigue pareciendo una afortunada creación arquitectónica. A veces me detengo frente a él y lo imagino restaurado, pintado de un blanco reluciente, decorado con nuevos murales. Es realmente bonito. Hoy he parado frente a Don Quijote disfrazado de Hombre de Hojalata para el Carnaval Especial. Preparado para la batalla, esperando a Sancho para arrancar su Vespa Rocinante y emprenderla contra las enormes grúas azul claro, visión de gigantes ciborg que a mí, en cambio, me evocan algún divertido videojuego. Pero esta mañana, una mujer desnuda ha llamado mi atención, sentada a unos metros tras el Ingenioso Hidalgo. Una estatua que no había visto nunca antes, obnubilado hasta hoy por la genial presencia del de la vespa. La he observado durante unos instantes y le he pedido disculpas por no haber reparado en ella. A veces el cerebro juega malas pasadas, le he dicho. Ella, como era de esperar, no me ha dicho nada.La idea de la imagen de una mujer velada por la de un hombre me ha hecho recordar una de las frases populares que más odio: “Detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer”. Porque pienso que un gran hombre, a su “gran mujer” la quiere tener al lado, no detrás. Así que, asociando ideas, me ha venido a la mente la Iglesia de San Isidro y he puesto rumbo al barrio de mismo nombre.Habrá quien no halle la relación y habrá quien, simplemente, pensará que tengo demasiado tiempo libre. La respuesta para el segundo grupo es, sí, tengo demasiado tiempo libre. La respuesta para el primer grupo viene a continuación.Hace más de un año que pude visitar la Iglesia de San Isidro y aún recuerdo la extraña sensación que me invadió al mirar hacia el altar. Algo acaparaba toda mi atención pero no sabía qué. Aquella capilla era diferente a cualquier templo religioso que hubiera visto hasta entonces pero no alcanzaba a descubrir el motivo. Dicen que los primeros nativos americanos que se encontraban en la costa cuando llegaron las carabelas del despistado Colón no podían ver las embarcaciones porque su cerebro no tenía registrada la idea de algo parecido a aquello. Un hechicero llegó a verlas y se las describió a los demás, que empezaron a verlas también. A mí me debió pasar algo parecido aunque tuve que resolver el enigma sin ayuda de hechicero.En todas las iglesias que había visitado hasta entonces, presidía el templo la imagen de Jesús. La Virgen ocupaba siempre un lugar secundario. En la de San Isidro, las tallas del Padre Jesús Cautivo de Medinaceli y la de María Santísima de la Esperanza están a la misma altura y son del mismo tamaño. Como los indígenas que observaban el mar abrirse bajo unas embarcaciones invisibles, mi cerebro no concebía la imagen de un Cristo y una Virgen al mismo nivel. Tanto tiempo aprendiendo que el puesto de la mujer está detrás del hombre que algunas situaciones de igualdad aún nos resultan extrañas. Así que, si es verdad eso que se dice de que Dios es mujer, debe sentir una especial simpatía por esta humilde capilla algecireña.

Sr.Gilmore

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