Una ley pionera para la IA. Por: Ángel Luis Jiménez.

Aunque últimamente estoy preocupado por el avance de la inteligencia artificial (IA), más me preocupa el retroceso de la inteligencia natural. Será porque la inteligencia artificial puede ser una herramienta útil, pero también una amenaza. O ambas cosas, dependiendo de cómo se use la inteligencia natural.

 

Empresas como OpenAI tienen como objetivo programar una inteligencia artificial general, es decir, desarrollar un programa consciente que piense como los humanos. Este sería el primer paso hacia una superinteligencia que podría convertirse en la clave para solucionar todos los problemas, incluida la muerte, o, por el contrario, en el fin de nuestra existencia.

No es fácil: no sabemos cómo definir la consciencia ni la inteligencia, y hay mucho que desconocemos sobre el funcionamiento del cerebro. El aprendizaje sobre la IA no es solo informativo, implica incomodidad cognitiva, toparnos con cosas que nos sorprenden y/o nos resultan difíciles. Pero sin incomodidad no hay aprendizaje.

Además, la IA ha conseguido éxitos en entornos muy complejos, pero con reglas claras como el ajedrez. En cambio, tiene más dificultades en entornos abiertos e imprevisibles como la conducción autónoma. Una inteligencia artificial general debe ser capaz de enfrentarse a millones de factores muy difíciles de predecir y, a menudo, con normas que no siempre respetamos.

Tampoco le va muy bien a la IA cuando depende demasiado del material con el que la han alimentado, porque muestra sesgos, plagia a ilustradores o desvela dependencias de programación. Si ChatGPT (aplicación de inteligencia artificial desarrollada en 2022 por OpenAI y especializada en el diálogo) no sabe qué decir, inventa, porque está diseñado para generar contenido. Resulta difícil pensar que de ahí vaya a salir una inteligencia humana, a no ser que sea una inteligencia chapucera, limitada y llena de prejuicios, lo que no es descartable.

Menos mal que la Unión Europea ha conseguido su objetivo de ser la primera región del mundo que se dotará de una ley integral para regular la inteligencia artificial, tratando de abordar de manera racional los riesgos planteados por la IA. Tras varios días de sesiones maratonianas en diciembre, el acuerdo alcanzado es provisional a falta de su ratificación por los estados miembros y el Parlamento Europeo.

El pacto se ha celebrado en Bruselas como un “momento histórico” en la regulación tecnológica. El acuerdo habla de lo que somos y de lo que queremos ser como continente. Europa es consciente de su papel en el mundo y ha decidido tomar las riendas en la regulación de un fenómeno tan potente como la inteligencia artificial. Según la presidenta de la Comisión, “se trasponen los valores europeos a una nueva era”.

Este logro, alcanzado bajo la presidencia de turno de España, además es motivo de orgullo. Marca un avance crucial en nuestra consolidación como líder del desarrollo tecnológico centrado en las personas, garantizando derechos y apostando por los valores que nos unen. Ahora, con menos fotos, comienza el trabajo técnico, donde cada palabra del nuevo reglamento será revisada por los legisladores del Consejo y Parlamento.

En el primer trimestre de 2024 se inicia su implementación efectiva, que tardará dos años. Aunque los grandes intereses económicos no esperan a nadie. Así que, existe un riesgo real de que cuando se implemente, el panorama haya cambiado nuevamente. Recordemos que hace solo un año aparecía ChatGPT -usado por más de 100 millones de personas cada semana- obligando a toda la industria a cambiar el paso. De la noche a la mañana convirtió en obsoletos los planes, análisis, y predicciones que se habían hecho hasta el momento.

La implementación de la ley no será un camino de rosas. Se abre un desafío mayúsculo: llevar esta normativa del papel a la realidad, hacer que no sea solo un texto bienintencionado sino un instrumento eficaz que responda a las necesidades reales de la ciudadanía. El papel de la sociedad civil es crucial porque la inteligencia artificial, en su esencia, nos afecta a todos. Por lo tanto, es fundamental que las voces de la ciudadanía sean escuchadas, y que sus preocupaciones y aspiraciones se vean reflejadas.

En definitiva, el acuerdo sobre esta ley es una buena noticia para todos los que creemos que los valores democráticos deben regir el futuro tecnológico; ha ganado el estado de derecho frente a las presiones interesadas. Ahora comienza lo complicado a nivel nacional. Mientras Europa ya debería estar trabajando en la siguiente actualización, porque sin lugar a dudas, en la era de la inteligencia artificial, la legislación deberá también evolucionar como una exigencia natural y necesaria.