La aristocracia española o los señoritos del pan pringao. Por Ángel Luis Jiménez

El diplomático y dramaturgo Íñigo Ramírez de Haro disecciona en un libro, «La mala sangre», el mundo crepuscular en el que creció, y denuncia la apropiación de un Goya de su familia por su hermano Fernando y su cuñada Esperanza Aguirre.

«La mala sangre» es un libro crudo e irónico donde salda cuentas con su estamento en general y su familia en particular. De carácter provocador, el morbo surge del conflicto con su hermano Fernando, actual conde de Bornos, y con la esposa de este, Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid y controvertido personaje político.

Relata en el libro los detalles de su denuncia contra el matrimonio por apropiarse de manera fraudulenta de un goya familiar. El lienzo se vendió «de forma fraudulenta» por unos cinco millones y pico al magnate Villar Mir, según Ramírez de Haro, porque la propiedad debía declararse Bien de Interés Cultural y era de todos los herederos, no solo de su hermano.

«Curiosamente por esa época Aguirre, entonces presidenta, permite la Operación Canalejas, en el centro de Madrid, una obra millonaria que promueve el mismo Villar Mir», dice el marqués disidente, que acabó demandando al matrimonio por estafa, falsedad documental, apropiación indebida y delito fiscal.

La jueza, Concepción Jerez, archivó el caso. Iñigo Ramírez de Hoz también denuncia la corrupción judicial: «La jueza no ha querido investigar nada, estaba comprada por Aguirre. Se han comportado como la mafia». La resolución está recurrida ante la Audiencia Provincial de Madrid.

¿Con qué sueñan aquellos que desde la cuna lo han tenido todo, los que no han dormido mal una noche por las deudas acuciantes, la falta de empleo o la amenaza de perderlo? Podríamos pensar que una vez cumplidas las necesidades básicas y satisfechos los caprichos, esos ricos se entregan a la filantropía. Pero, no.

Es cierto, que hubo y hay filántropos. En España y en el extranjero, los museos dan cuenta de su generosidad. Pero no es el caso del matrimonio Ramírez de la Hoz-Aguirre. No sé cuánto hay de placer, remordimiento o bondad en el propósito de compartir con la sociedad algo que te fue dado, pero bien está, no digo más.

Sin embargo, hay otro tipo de rico en España, el señorito del pan pringao. En este país abunda un tipo de clase extractiva que no genera riqueza, un modelo de soñador cuya única vocación es la de ganar dinero. ¿Para qué sirve el dinero en estos casos? Por lo que se ve, para satisfacer un deseo ilimitado de ostentación, que no deja de tener un componente pueril y hortera.

Se traduce en la acumulación de objetos de lujo. Si hablamos de Rolex, pues decenas de Rolex. Si son Ferrari, pues más Ferrari o en el caso de los yates, más metros de yates. El empresario Luis Medina defiende el derecho a hacer con su dinero lo que le venga en gana, pero olvida que no era su dinero, sino el que había afanado a muchos ciudadanos que hacían cuentas a diario para renovar las mascarillas.

La Fiscalía Anticorrupción ya ha acreditado que Medina recibió dos transferencias en su cuenta por valor de 750.000 y 250.000 euros el día 31 de marzo de 2021. Ese mismo día, Luceño recibió cuatro ingresos por un valor total de tres millones de euros, aunque terminaría embolsándose cinco. Los correos electrónicos están incorporados al sumario que instruye un juzgado de Madrid.

En su querella, Anticorrupción dice que Luis Medina se sirvió de su fama y de su «amistad» con el primo de Martínez-Almeida para llegar hasta el alto cargo que compraba a la desesperada material sanitario. De las intenciones de Medina, y especialmente de las de Luceño, Anticorrupción hace un relato tremendamente demoledor.

Los dos supuestos empresarios estafaron al Ayuntamiento el dinero de los madrileños en el peor momento de la pandemia, según las Fiscalía. Inflaron en un 148% el precio de los productos vendidos con sus correspondientes comisiones de hasta un 80%. Además, se estafaron entre ellos. Medina no supo nunca que Luceño se embolsó una comisión de la que Medina no tuvo noticias. Ni amigos ni ná. Granujas sin escrúpulos.

Con las ganancias llegó el episodio más obsceno del caso: la compra compulsiva de coches, relojes y un piso de lujo. Además, Luis Medina Abascal compró un barco en Gibraltar por más de 300.000 euros, ahorrándose los impuestos con una sociedad allí radicada que comparte con su hermano, el duque. Le puso de nombre «Feria» y se fotografió navegando al timón, flanqueado por una bandera de España. ¡Qué patriota!

Menos mal, que más allá del pijerío sin escrúpulos de esta aristocracia española, en el feo período del confinamiento abundaron las personas generosas que prestaron esfuerzo, tiempo, salud o dinero para reducir la tragedia. Mientras, en otra galaxia, había tipos que seguían a su bola, pensando en aprovecharse de la situación. Ya lo decía Cary Grant en la película Sospecha, «El secreto del éxito es empezar desde arriba».

2 comentarios

  1. Imputados por fraude y malversación en compra de mascarillas: Alfonso Jiménez, Director general del Instituto de Gestión Sanitaria, Patricia Lacruz, directora general SN de Salud, y Paloma Rosado. Todos altos cargos del PSOE. Pero nada existe si no sale en la TV. Moncloa lo sabe. Y el sociata chulito engreido plagiador trilero felón demagogo embustero y ENGAÑABOBOS, y su caterva de LACAYOS lo saben, pero sus SERVIDUMBRE Y SECTARISMO les impiden ser libres para opinar y callan como lo que son.

  2. La aristocracia española hoy en día no son los condes, reyes, marqueses o señores feudales son la clase política, esa que alguien llamó casta y dejó de hacerlo el día que se hizo aristócrata el también y de paso nombró a su cómplice de la misma alcurnia.

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