La Plaza de Andalucía, en Algeciras, es cada tarde un lugar lleno de vida. Niños pequeños jugando, chavales con una pelota, personas mayores paseando y familias que utilizan un espacio que, precisamente por ser peatonal, debería permitir hacerlo con tranquilidad y seguridad.
Sin embargo, desde hace tiempo se repite casi a diario una situación que resulta preocupante.
Entre las seis y media y las siete y media de la tarde suele aparecer por la plaza un grupo de menores, aparentemente de entre 12 y 16 años, utilizando patinetes eléctricos de gran potencia. El problema no es simplemente que circulen en patinete, sino cómo y dónde lo hacen.
Atraviesan la plaza a gran velocidad, sorteando a las personas, realizan maniobras bruscas y salen directamente desde la zona peatonal hacia la calzada. Los he visto incorporarse a Blas Infante a una velocidad considerable, sin casco y sin que parezca existir demasiada preocupación por el tráfico o por las personas que puedan cruzarse en su camino.
Y todo esto sucede precisamente a una hora en la que la plaza está especialmente concurrida por niños y personas mayores.
La normativa es bastante clara
Desde el 1 de octubre de 2026 entra en vigor una importante reforma del Reglamento General de Circulación que establece nuevas normas básicas para los vehículos de movilidad personal.
Entre ellas, se fija en 15 años la edad mínima para conducir un patinete eléctrico y se establece el uso obligatorio del casco de protección.
Además, los vehículos de movilidad personal no pueden circular por aceras ni por zonas peatonales. Y la propia normativa incluye expresamente dentro del concepto de zona peatonal las plazas, además de aceras, bulevares, paseos y otros espacios similares.
A ello se añaden las obligaciones relativas a los propios vehículos: los VMP deben estar inscritos en el Registro Nacional de Vehículos, disponer de la documentación correspondiente y llevar una etiqueta identificativa.
Pero ni siquiera es necesario acudir únicamente a la nueva normativa estatal para plantear el problema.
La Ordenanza Municipal para el Fomento y Garantía de la Convivencia Ciudadana de Algeciras ya establece que no están permitidas las acrobacias y juegos de habilidad con patines o monopatines fuera de las zonas destinadas para ello. Y va más allá: considera infracción grave la circulación temeraria con patines o monopatines por aceras o lugares destinados a peatones, conducta que puede ser sancionada con multas de entre 300,01 y 1.500 euros.
Por tanto, no estamos hablando únicamente de una apreciación subjetiva de algunos vecinos. Existen normas destinadas precisamente a evitar este tipo de situaciones.
Dos llamadas a la Policía
He llamado en dos ocasiones a la Policía para advertir de lo que estaba ocurriendo. En ambas se me indicó que enviarían una patrulla. Sin embargo, al menos mientras yo permanecí allí, no llegué a verla.
También he intentado advertir personalmente a estos jóvenes del peligro de su comportamiento. La respuesta ha sido desafiante. Cuando les he dicho que avisaría a la Policía, la contestación ha sido prácticamente una invitación a hacerlo: «Sí, sí, llámala».
Y quizá ahí esté una parte importante del problema: la sensación de impunidad.
No creo que la solución consista únicamente en esperar una llamada de algún vecino cuando la situación ya se está produciendo. La Plaza de Andalucía es un espacio muy frecuentado y sería razonable que, especialmente durante las horas de mayor afluencia, existiera cierta presencia policial preventiva, aunque fuera mediante rondas periódicas.
No se trata de criminalizar a unos adolescentes ni de impedir que los jóvenes disfruten de los espacios públicos. Se trata de establecer límites cuando una forma de diversión pone en peligro a otras personas y también a ellos mismos.
Porque el riesgo es evidente: basta que un niño pequeño cambie inesperadamente de dirección, que una persona mayor no pueda apartarse a tiempo o que uno de estos jóvenes salga a la calzada en el momento equivocado.
¿De verdad tenemos que esperar a que ocurra un accidente grave para actuar?
Este escrito es, por tanto, un ruego a quienes tienen la responsabilidad de velar por la seguridad y la convivencia en nuestros espacios públicos: que se preste atención a lo que está ocurriendo en la Plaza de Andalucía y que haya una vigilancia suficiente para evitar conductas que pueden terminar causando un daño irreparable.
La legislación está. Las normas están. Y el riesgo está a la vista.
Lo que se pide no es una presencia policial permanente ni una persecución de los jóvenes. Se pide algo mucho más sencillo: prevención, vigilancia y cumplimiento de unas normas que existen precisamente para protegernos a todos.
Porque la prevención tiene sentido cuando todavía estamos a tiempo.
Ojalá no tengamos que lamentar un accidente para escuchar después una frase que, en este caso, resultaría especialmente dolorosa:
«Se veía venir».

