Internet no es un mundo en sí. Internet somos nosotros. En internet estamos todos. El feminismo se desarrolló mucho con internet, pero también el antifeminismo, el sexismo, el nazismo. Es una plataforma que construimos por cómo somos y qué hacemos cada día.
Toda la utopía del principio de que con internet creamos una comunidad universal y nos relacionamos libremente unos con otros es pura falacia. Nos relacionamos, sí, pero con quienes queremos. Y si somos racistas, pues utilizamos internet para encontrar más racistas.
Nos juntamos con los que son exactamente iguales que nosotros. Y utilizamos Internet colectivamente a partir del principio: yo voy con los míos, y yo decido quiénes son. No voy con los otros, no leo a los otros, no discuto con los otros, los ignoro o extermino. La fragmentación total.
No es culpa de internet, es maravilloso internet, con comunas maravillosas en el arte, la cultura y la ciencia, pero también fragmentadas. Cuando una sociedad está fragmentada, esa fragmentación se amplifica por internet. Sobre todo, con instituciones que ya no cohesionan y permiten el separatismo cultural. Pero es que ahora, pasa lo mismo con la IA.
El problema no es la tecnología, sino la amplificación de nuestras tendencias destructivas. Diría que todos somos las dos cosas, ángeles y demonios. Somos unos animales poco controlados que hemos construido unos instrumentos tan potentes que, si nos ponemos en serio a oponernos, nos podemos destruir fácilmente, porque es la unión inédita entre el poder tecnológico y el político.
La teoría era que las comunidades menos favorecidas iban a empoderarse en las redes, pero la realidad es lo contrario. Por un lado, internet fue, y es, la base de grandes movimientos sociales transformadores. El 15-M en España no hubiera podido existir sin él, ni los movimientos sociales que siguen sucediendo en el mundo. Pero…
Y es que los grupos poderosos dominan cada vez más a través de sistemas de control algorítmico, y los grupos destructivos, antifeministas, racistas, etcétera, también se están organizando por internet. No es que empezáramos con una cosa y luego ocurriera la otra. Es que conforme internet salió de pequeñas comunidades bienintencionadas (científicos, intelectuales, etc.) y se expandió al mundo, se ha hecho el mundo. Y el mundo está lleno no solo de gente mala, sino de la parte mala de todos nosotros, amplificada y articulada en redes en el ámbito planetario o local.
Pero, pese a ello, sigo siendo optimista, creo en la transformación social. En eso soy un clásico, y repito la famosa frase de Gramsci “pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad”. Porque, si eres optimista pero no sabes en qué mundo vives, te va a ir mal. Hay que analizar. Y si analizo, veo un mundo actual claramente en proceso autodestructivo, por un orden mundial que se está convirtiendo en desorden mundial por Trump y sus secuaces.
Y el trumpismo no es efímero. Trump es un agente del antisistema político. Pero no antisistema capitalista, porque es el más capitalista de todos. Es otra paradoja de la historia: un multimillonario se convierte en el agente de transformación del sistema político apoyado por la clase obrera. Sí, por la clase obrera, que lo vota.
La democracia ya solo existe en las mentes de las personas. Y si la gente no cree en los partidos, en la democracia, en las instituciones, pues se acabó. En ese contexto, cuanto más antisistema político eres, mejor. El éxito de Podemos fue ese, pero cuando pasó a ser parte del sistema, se acabó. Ahora: la política de moda es la antipolítica.
Vox es un partido antisistema. El revolucionario Trump no solo está transformando el sistema institucional, sino también la globalización, que estaba basada en la ausencia de fronteras económicas. Los aranceles se usan como estrategia geopolítica. El mundo se mueve otra vez por el nacionalismo, la gran palabra en EE UU, China y Japón.
En Europa, los movimientos de extrema derecha son nacionalistas, antieuropeos, empezó con el Brexit en el Reino Unido. La discusión pública en España era “el nacionalismo es retrógrado, todos somos ciudadanos del mundo”. Había un resurgir en todo el mundo que se dilapidó.
Cuando hablamos de las redes sociales como instrumentos de odio, de racismo, de sexismo, y del nacionalismo de todo tipo, bueno o malo, ¿de qué estamos hablando? De que cualquier tendencia se amplifica en la sociedad de internet. Internet no es, por definición no puede ser, nacionalista. Es global. Pero es la plataforma global para el nacionalismo de cada Estado. Y un referente cultural, que ahora, desgraciadamente, se pierde en la cacofonía general.

