La cita empezó en la iglesia del colegio para después dar un paseo por el mismo para «recordar» aquellas aulas que todos ocuparon. Más tarde y tras una copa en uno de los patios, se cenó en el patio cubierto, donde pasadas la una y media de la madrugada se dió por finalizado el evento. Un ambiente mezcla de melancolía y júbilo embargó la cena que terminó con vítores a aquellos «maestros» de la infancia de muchos.

