Diputados británicos exigen enviar buques de guerra a Gibraltar y expulsar a Trillo

 

POR VIOLAR VALIJA DIPLOMÁTICA EN EL PEÑÓN

La fragata británica 'Westminster', atracada en el puerto de Gibraltar el pasado mes de agosto (Efe)

La supuesta violación por la Guardia Civil de valija diplomática de Reino Unidoen la frontera con Gibraltar provocó ayer una virulenta reacción del Parlamento británico y una escalada verbal sin precedentes contra España. El primer ministro, David Cameron, calificó de “extremadamente grave” el incidente, y varios diputados de su partido llegaron a exigir que se refuerce la presencia de buques de guerra de la Royal Navy en el Peñón para poner fin al “continuo hostigamiento” del Gobierno español hacia la colonia británica.

Madrid prefirió guardar silencio, después de que José Manuel García-Margallo hubiese afirmado la víspera que las sacas interceptadas “no eran técnicamente valija diplomática según la Convención de Viena, porque no salieron de una embajada o un ministerio”. El incidente se produjo el pasado viernes, cuando un oficial de la Guardia Civil inspeccionó en la frontera de la Verja dos maletines con documentación procedentes de la oficina delgobernador británico en Gibraltar, James Dutton

El ambiente en la Cámara de los Comunes fue ayer inusitadamente hostil hacia España. Cameron acusó al Gobierno de Mariano Rajoy de “violar el principio de inmunidad diplomática” y prometió solemnemente “defender los derechos del pueblo de Gibraltar y la soberanía” del Peñón. Además, el primer ministro británico dejó en evidencia a García-Margallo cuando aseguró que, ayer mismo, Madrid había “ofrecido garantías de que algo así nunca volverá a ocurrir”. La pregunta es: si la Guardia Civil no interceptó valija diplomática alguna, como asegura el ministro, ¿qué es lo que España no volverá a hacer?

El secretario de Estado británico para Europa, David Lidington, tomó la palabra después de Cameron y lanzó una nada velada amenaza a los más de 6.000 españoles que cada día cruzan la frontera para trabajar en la Roca. “Una escalada mayor de la tensión podría perjudicar a todas las partes,en particular a las miles de familias españolas que se benefician directa o indirectamente de la prosperidad económica de Gibraltar”, afirmó Lidington, que atribuyó el incidente diplomático a “un error” de la Guardia Civil, según la versión que Madrid supuestamente habría ofrecido a Londres.

Pero los ataques y amenazas contra España no se quedaron ahí. En la misma sesión parlamentaria, el diputado conservador Bob Stewart pidió al Gobierno que apruebe “nuevas medidas políticas o de cualquier otro tipo para poner fin al acoso de España al pueblo gibraltareño”. Su colega de partido Robert Neill urgió a Cameron a “redoblar los esfuerzos para explicar a nuestros aliados de la OTAN que la actitud del Gobierno español, que se está rebajando a los niveles de los gobiernos de Francisco Franco, no es aceptable”. Y pidió “reforzar el despliegue” de la Royal Navy en el Peñón.

“Un par de cañoneras”

Peter Bone, también del Partido Conservador, fue aún más explícito en sus advertencias a España. Recurriendo al sarcasmo, reclamó que buques de la Armada británica realicen una “escala de buena voluntad” en Gibraltar, y añadió: “Preferably a couple of gunboats” (“Preferiblemente un par de cañoneras”). Otro diputado conservador, Edward Leigh, preguntó a Cameron qué barcos de guerra se encuentran actualmente cerca del Peñón, y dijo que“la mejor forma de preservar la paz es la fuerza de la Royal Navy”.

El también conservador Andrew Rosindell exigió incluso la “expulsión inmediata” del embajador español en Londres, Federico Trillo, y el diputado del Partido Laborista (en la oposición) Gerald Kaufman secundó, con matices, esa posición: “Si un incidente parecido vuelve a ocurrir”, en alusión a la supuesta violación de correspondencia diplomática, “el embajador español debería ser expulsado de este país”.

Esta nueva escalada verbal se produce sólo una semana después de que el Foreign Office (el Ministerio de Asuntos Exteriores de Reino Unido) convocase a Trillo para pedirle explicaciones por la incursión del buque oceanográfico Ramón Margalef en “aguas territoriales británicas de Gibraltar”, que España nunca ha reconocido como tales. Ese mismo día, el ministro principal del Peñón, Fabian Picardo, lanzó una bravuconada que irritó especialmente a Madrid: advirtió a las patrulleras de la Guardia Civil que operan en la zona de que la policía gibraltareña o la Royal Navy podrían “abrir fuego” contra ellas porque “pueden confundirlas con terroristas”.

Un portavoz oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores español aseguró ayer aEl Confidencial que un alto cargo del departamento que dirige García-Margallo había “intercambiado explicaciones” con un interlocutor del Foreign Office y que ambos acordaron “buscar una fórmula para el envío de documentación diplomática” desde Gibraltar. El mismo portavoz, sin embargo, evitó pronunciarse sobre las duras críticas vertidas ayer contra España en el Parlamento británico.  

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